Yolanda Salcedo

voluntariado mali

Hola, ¿qué tal?

Soy Yolanda. Este agosto de 2015 estuve en Malí, África, en un barrio llamado Titibougou a las afueras de Bamako. Participé de voluntaria durante poco menos de un mes en ABECE, un proyecto de alfabetización del que veréis más información en esta web o preguntando directamente a CCONG y que está a cargo de Meg-Boulet Samoura.

Antes del viaje Rafa, presidente de CCONG, me envió un montón de información sobre la organización, África y Malí en particular. Igualmente, estuve hablando y preguntando a Rafa, a Meg y Laia para ver saber un poco más y prepararme para poder ser útil allá. En resumen, iba a encontrarme un montón de niñ@s a los que había que alfabetizar (en francés, lengua oficial en Malí, aunque lo que más he escuchado es bambara) y darles unas nociones de inglés y, quizás, de castellano; y, por otro lado, una campaña de higiene bucal que había pensado Laia (voluntaria que estuvo en ABECE Bamako el año pasado junto con Meg). Llené una pequeña maleta con algunas cosas que Meg y Laia me dijeron que podían ser útiles (básicamente, ropa, material escolar y cepillos y pasta de dientes). Y llené otra con mis cosas. Y poco más, sólo quedaba esperar.

A mi llegada al aeropuerto de Bamako, de madrugada, Meg y Vieux, dos de las muchas personas fantásticas que he encontrado en una tierra que añoro tremendamente (a pesar de no conocerla a apenas y menos que apenas entenderla). Después de un pequeño recorrido en el coche de Vieux, la casa de los Samoura, a la entrada Daouda, el “pequeño hermano” de Meg, y luego una habitación “de chicas” (Meg, Marina y Laia) con su tela mosquitera correspondiente e indispensable.

No recuerdo el día siguiente ahora mismo, aunque lo tengo detallado en el diario que escribí aquellos días. Recuerdo pocos días en particular. Recuerdo momentos, olores, colores, sensaciones, personas… En el proyecto ABECE este verano éramos tres voluntarias y algunos cooperantes malienses (podéis ver los detalles en el informe anual del proyecto). Laia, estaba de profesora de inglés y castellano en un barrio cercano (Bandjougoubougou) junto con otros dos profesores malienses. Marina, que fué la primera en llegar, con funciones similares en Titibougou. Yo llegué justo antes de que Marina se fuese.

Mi trabajo consistió en ayudar a Mamadou por las mañanas con la alfabetización de los peques, y por las tardes hacer clases de inglés a los mayores (de 10 a 16 años, o así). También participé en alguna de las proyecciones que se hicieron en la campaña de higiene bucal: veíamos una película con l@s niñ@s y luego Vieux introducía el tema de la higiene bucal y se repartían cepillos y pasta de dientes.

ABECE no es un proyecto donde vas a salvar la vida a nadie (“nadie va a morir de frío allá porque tu no le lleves un jersey”, algo así decía Rafa) pero sí puedes cambiar y, si hay suerte, mejorar la vida de las personas que te encuentres.

Antes de ponerme a escribir, he estado pensando cómo podría resumir esta experiencia y me ha resultado imposible. He intentado organizar todas las cosas que han podido ocurrir durante los 25 escasos días de mi estancia en Malí y no he podido, o he podido pero me sale algo muy largo, y creo que carente de interés para el caso que nos ocupa. Creo que nadie podrá decirte lo que te vas a encontrar porque lo que encuentres, como suele pasar cuando viajas y todo eso, va a depender en gran parte de ti mism@. Así que he decidido elegir una fotos (tarea difícil) y, simplemente, compartirlas contigo. Esto es un “muy poco” de lo “muy mucho” que he tenido este verano. Esta señorita de la izquierda es la Meg-Boulet Samoura (la dulce y, cuando toca temible, Mamy). La suya es una historia más que interesante… pregunta y verás. Apenas ha salido de la adolescencia y ya es casi tan sabia como su abuela (la otra Boulet). Es la responsable de este proyecto, pero dice que ella pone sólo el nombre.

Abajo, l’école (kalonso, en bambara). No recibe muchas subvenciones como ves. Estaba dentro de un recinto muy chulo. Este verano allá se hacía el proyecto ABECE y otras cosas; por ejemplo, al llegar había un curso de hacer jabón para las mujeres del barrio; y también hubo clases de una escuela coránica.
Por la mañana, los peques de la clase de alfabetización, enseñando su trabajo. Esa destartalada, vieja y poco equipada clase apenas se ve, sólo se les ve a ell@s. Aquí debajo un día cualquiera en esta misma clase. Como ves no hay libros, ni proyector, ni Internet… Hay pizarra, tiza y un palo a modo de indicador. Estos niños aprendían memorizando la lección, que se repetía una y otra vez. Algunos venían para no olvidar lo que habían aprendido en la escuela, otros no podían asistir a la escuela a lo largo del año por motivos económicos y estas clases de verano son su única opción de escolarización.
Mamadou (mon petit oiseau). Me acompañaba cada día a l’ecole. Yo no quería, me parecería que no era necesario, pero parece se que sí lo era: c’est pour la securité, decían. Titibougou no es un barrio inseguro, pero ser un/a tobabu (en bambara, persona blanca extranjera) llama mucho la atención, claro, y siempre es mejor ir con alguien de allí, al menos hasta que te conozcan, y tu a ell@s, y puedas comunicarte mínimamente.

Estas tres preciosidades venían a la alfabetización de la mañana, la de los peques. La niña de azul que ves
delante, era una de las más pequeñas de la clase; se sentaba en primera fila y siempre pedía una tiza (Madame, la craie!) a pesar de que no sabía apenas escribir o reconocer las letras.

Más preciosiades: Fanta, Setou, Aminata, Bintou, Awa, y delante, Dousou, Rokia y Sitan. Alumnas de la  clase de inglés de la tarde. Este fue un día de lluvia, aunque no lo parezca. Las clases se suspendieron porque llovió a cántaros todo el día y estaba todo hecho un barrizal. Pero por la tarde escampó y aprovechamos un poco la tarde. Dousou no tenía que venir a esta clase, era muy pequeña y apenas  había francés, pero le gustaba venir (como a otros peques, que venían a ver qué pasaba por la escuela) y se esforzaba mucho con el inglés.

La clase de inglés de la tarde. Otro día de lluvia. Este nos pilló en clase. Se hizo oscuro y las ventanas se cerraban con el aire. Ese día vino Laia a esta escuela. Hicimos tiempo jugando, cantando en clase hasta que clareó y pudimos volver a casa. Maternidad de un hospital cercano a Titibougou. Este hospital tiene muchas carencias pero, principalmente, lo que falta de forma más inmediata es un mínimo mantenimiento de las pocas instalaciones de las que dispone.

A la hora del patio. Si sacabas el móvil, era inevitable acabar haciendo un montón de fotos. Aminata, Fatoumata, Awa, Oumou, Wandé, Kalilou, Dousou,Fanta, Sitan, otra Fatoumata, otra Fatoumata más,… Mamadou y Daouda (al fondo), dos de los cooperantes malienses de ABECE. Son amigos desde pequeños. Daouda hacía clases de alfabetización en Bandjougoubougou.

Aquí los tenéis. Cada uno con sus sueños de futuro, como todos los jóvenes de su edad (recomendación de lectura: Aya de Yopougon). Espero que puedan cumplirlos. Desde aquí mi más profunda admiración a sus ganas inmensas de aprender. Y mil gracias por tratarme con tanto cariño (pour me sauver des niñés).

Un día de proyección en Bandjougoubougou. La primera proyección en la que participé me pareció impresionante, por todo. Me encantaba cuando, mientras se montaba todo, se ponía música y los niños se ponían a bailar… ¡cómo bailan!…

En estas proyecciones, los niños debían estar atentos a la película, que era en francés, porque luego se hacían unas preguntas sobre lo que habían visto, y los que acertaban tenían como premio un cepillo y/o pasta de dientes. Había muchos niños, había que hacer varias proyecciones y no había material bucal para todo el mundo, así que de alguna manera se tenía que ir repartiendo.

Ultimo día de clase. Mamadou con los peques que vinieron ese día, faltan algunos, como la linda y listísima Oumou. Ese día vino por primera vez una peque, no tendría más de cinco años, que cogió la tiza y se puso a escribir mejor que la mayoría de los mayores de su clase.

Está medio escondida, al lado del niño del jersey rayas. Que pena no haber podido verla los días siguientes. Espero que siguiera yendo. Y ese mismo último día, la clase de alfabetización de la mañana, los
mayores. Los profesores, Meg y Kane, a la izquierda. Y, bueno, por aquí y por allá todos los demás. La pequeña Dousou enseña uno de los dibujos que hicimos en clase de inglés con una pegatinas en forma de flor (gustaron mucho las pegatinas). A la derecha, un dispensador de agua; estos dispensadores se pusieron a mediados de agosto, en esta escuela de Titibougou y también en la de Bandjougoubougou, y se acompañó con un texto que se trabajó en clase donde se hablaba de la importancia de la higiene con las manos.

Este es el patio de la casa donde pasé estos días en Titibougou. El de la bici es Wandé (el futuro Messi, para que lo sepas), está la abuela Boulet y Marina (no sé nada de esta chica, pero me dio mucha pena que se fuera) cogiendo a Amy, una bebé preciosa que vivía en casa. Detrás de Amy, Laia, la otra voluntaria que inició ABECE en Bamako. Amy lo nuevo y Boulet lo viejo. En Malí eso de que “la vejez es un grado” se lleva al pie de la letra; el respeto a la familia, y en particular a los mayores como fuente de conocimiento, es brutal…

Me dejo un montón de todo: la otra Amy (diminutivo de Aminata), matriarca de los Samoura y médico del barrio, una superwoman maliense; Modibo, el peque de la familia Samoura y chico para todo; Fatoumata, una alumna que compaginaba el cuidado de sus hermanas con las clases de inglés; Bintou, una de las vecinas, que no tenía tanta suerte y no podía ir a la escuela porque debía cuidar a sus muchos hermanos; otra vecinita que me alegraba el día con su sonrisa cada vez que la veía; Toti bararacu y sus historias; Ladjio y su mujer,… y más… Muchas gracias por todo. No sé hasta qué punto he sido voluntaria, con lo que eso conlleva porque, como ya habrás leído o escuchado, uno vuelve de estas experiencias con la sensación de haber recibido mucho más de lo que ha dado. Y así es. Lo que espero es poder seguir con estas estas historias. Y no olvidarme de lo que decía Tidiane: “Malí est solidarité”, e intentar que la frase valga para cualquier país o situación. Doonin-doonin. Y volver a África cuanto antes.

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