Enrique en el proyecto ABECE en Mali

voluntariado Mali

Ne togo Kike I togo?
Yo me llamo Kike, ¿y tú?
Soy Enrique, nací en 1955, y por fin he podido realizar un sueño después de estar tocando puertas dsurante tres años. CC ONG ayuda al desarrollo, me ha dado la oportunidad y he salido a Mali durante mes y medio.
Fui allí con el proyecto ABECE de esta organización, y con la tarea de enseñar el castellano y aportar toda la ayuda posible a personas necesitadas.
LA ENSEÑANZA
Nunca me he dedicado a la educación, me parece una profesión tan delicada y tan importante para el buen desarrollo de los niños, que siempre he tenido mucho respeto por si no tenía el nivel suficiente para enseñarla.
Para mí la educación es el pilar más importante de una sociedad. Creo firmemente que tan solo los mejores y las personas a las que de verdad les guste la enseñanza, se tendrían que dedicar a ello.
MI EXPERIENCIA CON ELLOS
Comencé como se empieza con algo que uno no conoce, con nerviosismo pero con unas ganas enormes. Por las mañanas iba a las clases de los mayores y ayudaba a Mister Kane, maestro en su vida real. Vi el trato a los niños, las formas y las técnicas que aplicaba en sus clases; lo normal en sus clases era la tranquilidad y el orden. En la clase había siete u ocho alumnos que sobresalían del resto, y ellos eran los que salían a la pizarra a leer, a hacer las cuentas y a resolver los problemas, el resto estaban ALLÍ…
Sé que en dos meses es imposible repartir una enseñanza equitativa con los alumnos, pero si es cierto que haciendo clases según niveles, todos hubieran aprendido más. También es verdad, que algunos de estos alumnos durante el curso escolar no iban a la escuela, ya que sus medios no se lo permiten, y el gobiernos del país no hace nada por ello. Esto es algo que me ha marcado muchísimo, lo sigo recordando y me sigue atormentando. ¡Qué mundo este! Solo por nacer en un sitio u otro…
Yo decidí que el trato con los jóvenes en mis clases sería distendido, tranquilo, con armonía y educación, como si de personas mayores se tratara. Al principio fue difícil, había muchos alumnos, las clases eran un no parar, imagino que lo normal con tantos niños. Pero con el tiempo fuimos interactuando y llegamos a un buen entendimiento.
A los alumnos que les gusta estudiar, mantenerlos atentos suele ser fácil pues les interesa todo, pero a los que les interesa menos es francamente difícil mantenerlos atentos. Intenté no solo hablar y preguntar a los que estudiaban, también lo hacía con el resto. Intenté ser incluyente con todos y que de esta forma se sintieran bien en clase, nadie era rechazado.
Poco a poco, el número de alumnos iba disminuyendo y las clases se hacían más llevaderas, fueron quedando solo a los que les interesa aprender.
IMPARTIR CLASES PARA QUE APRENDAN TODOS
El proyecto ABECE es una idea maravillosa, lleva funcionando unos años y, posiblemente, llegue más lejos de lo que creemos, pues la ilusión y el tesón de sus componentes está a prueba de bomba, y los alumnos que lo reciben podrán soñar con un mundo futuro diferente e, incluso, podrán cumplir sus sueños.
Para llegar a todos ellos, lo más conveniente sería hacer grupos que tuvieran conocimientos semejantes. De esa forma, nadie se sentiría discriminado y todos estarían mas motivados para el aprendizaje.
MI SENTIR, MIS SENSACIONES
Con 20 años los sueños que más se repetían en mi vida eran los de ayudar a los mas desfavorecidos, pero por circunstancias no pudo ser. Cuando encuentras una compañera y un trabajo, se comienza a pensar en una familia y de la noche a la mañana te ves casado, con hijos y como no, con hipoteca. A partir de ahí, todo es una entrega hacia los tuyos. Que no les falte de nada, ahorrar para sus estudios, y llevarlos a que aprendan todo lo inimaginable con el fin de que sepan mucho, pero todos saturados, hijos y padres.
Hasta que un día te despiertas, miras a tu interior y comienzas a preguntarte:
¿Qué hago?
¿Qué he hecho?
¿Qué he venido hacer?
A mí esto me comenzó a suceder en 2013, y ha sido ahora en 2016 cuando me he quitado de encima los miedos, las vergüenzas, las culpas y escuchar a las teorías de los demás. Ahora es cuando he empezado a vivir a mi manera.
En el viaje a Mali he visto mi infancia, he reconocido la España de los 60, no digo que sea igual, pero sí hay muchas similitudes. Sueños, imaginación, fantasía, ilusión… no están tan lejos, todos las llevamos dentro, solo tenemos que dar un paso y ahí las tienes, ahí las sientes; alegría, risas, ternura… un río desconocido te inunda de nuevas sensaciones, antes desconocidas, y comienzas a ver belleza y bondad en todo lo que te rodea.
Este viaje me ha servido para afianzar la confianza en mí mismo, además de haber realizado un sueño. Además de traer a mi memoria otros olvidados, que trataré de cumplir. No he ido buscando nada personal como ”engrandecer mi ego”. No he ido a dar lecciones de nada a nadie. No quería demostrar ni cambiar nada. Solo me ha movido ESTAR con ellos, que vean y que sepan que hay personas que piensan en ellos.
El hecho de estar fuera de mi zona de confort ha sido importante por muchas cosas:
– Toma de decisiones, haces lo que crees mejor.
– No molestas a nadie.
– Nadie discute tus decisiones.
– Vives lo que quieres y el tiempo que quieres.
– Conoces infinidad de personas y cosas nuevas.
– El límite lo pones tú.
– Es una manera segura de enriquecerte.
La prueba de este viaje la tengo en las hermanas Guindo, las gemelas Dagnon, Abdulaye, Koniba, Amadou, Mariam, Awa, Fatoumata, Mamadou, Rokia, Sitan… y están dentro de mí… y los veo… y se me caen las lágrimas… y sé que algo de mí se quedó allí.
He tenido la suerte de encontrar unas personas muy grandes en los voluntarios, y eso que están en edad juvenil. Recuerdo la naturalidad con la que actúan y la ternura que tienen con las personas con las que están. Veo a Dani hablando en su francés tan particular, hablando y gastando bromas a todo el mundo; a Marta con chispa y genio ¡kenema! Esa palabra en bambara que ella decía como nadie; a Laia, la veterana del grupo (ya son tres años los que ha ido), ¡tan joven!, con tantas ideas para ayudar y tan integrada en esa sociedad…; a Natalia, esa joven que con ritmo y canciones era capaz de mantener la atención de los
niños y aún le quedaban fuerzas para alegrarnos con sus bailes y sus chascarrillos; y a la Ruti, la colega de la cerveza, la niña de las trenzas y las extensiones, y compañera hasta el final. Me sigo acordando de todas vosotras y de ti, Dani.
ESTANCIA
El tiempo que permanecí en Titibougou lo hice con la Familia Samoura, en casa de Mohamed y Aminata, y en todo momento me sentí como en mi propia casa. Aminata nos cuidaba como si de sus hijos se tratara, cualquier cosa que sucedía ella lo solucionaba ¡qué gran mujer!
Mamy es su hija y es la responsable del proyecto ABECE, en Mali, nuestra jefa inmediata. Su nombre es Meg pero todos le llaman Mamy. Vieux es el ser humano más humano que conozco. Gracias a él nos podíamos mover por todos los sitios de Bamako y se pudo arreglar el hospital de Sala, un proyecto de la amiga Laia. Nos dedicó a todos los voluntarios su tiempo y su buen humor.
Me acuerdo muchísimo de Modibo, May, Tene, Wande, Ami y Amina, sigo estando con ellos.
Recuerdo a la extensísima familia Samoura. Gracias a todos.
Fdo.: Enrique, bautizado en Mali como Mohamed Culibaly.

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