Adrià: voluntariado Casa – Hogar Guarne

voluntariado colombia

No sé muy bien aún en qué momento decidí que quería participar en un voluntariado. Hacía tiempo que me interesaba por el tema, pero no acababa de encontrar el momento ni el atrevimiento. Lo que sí recuerdo es hablar varias veces del tema con amigos y/o familia y comentar que tenía esta inquietud, por lo que sabía que algún día me decidiría a ir a por ello.
Ese día llegó hace unos meses cuando al volver de un viaje con amigos a EEUU, empezamos a comentar los planes para el próximo verano y ahí es donde al darle un par de vueltas llegué a la conclusión: las vacaciones del verano de 2016 las dedicaría a realizar un voluntariado. En mi caso el destino lo decidí al momento: Colombia. Aunque yo nací en Barcelona, una parte de mí pertenece a este bonito país situado al otro lado del Atlántica (mi madre es colombiana).
“Dit i fet” (dicho y hecho), me puse manos a la obra para buscar organizaciones, proyectos, contactos; cualquier cosa me llevara como voluntario a Colombia. Finalmente di con la web de CCONG y a través de Rafael y luego Francisco, pude embarcarme en esta inolvidable experiencia.

Llegada y primeras impresiones

Finalmente llegó el día de principios de agosto en el que empieza mi pequeña aventura personal: la participación como voluntario en el proyecto de la Fundación Vida y Libertad que se desarrolla en Guarne. Esta población situada a unos 40 minutos en coche de Medellín, pertenece al departamento de Antioquía que es uno de los más avanzados y prósperos, pero también de los que más sufrió el narcotráfico imperante en la década de los 80 y 90. La ciudad de Medellín es famosa porque allí fue donde Pablo Escobar construyó uno de los cárteles de droga más sanguinarios y exitosos de la historia.
Pero vayamos a lo que importa, la Casa – Hogar de Guarne.
Gloria fue quien me recogió en el aeropuerto de Medellín. ¿Por qué decidí a venir? ¿Qué fue lo que me motivó? Son las primeras preguntas que salían de una mujer que derrocha vitalidad, buen humor y energía por todas partes. Como dije al principio, realmente no tenía una respuesta concreta para sus cuestiones ni tampoco para mis propias preguntas: “¿les caeré bien a las niñas y niños? ¿me sabré adaptar? ¿realmente me gustará la experiencia?”
Todas las pequeñas incertidumbres que se me iban ocurriendo encontraron respuesta solamente al
cruzar la puerta de entrada a la Casa, pues el recibimiento que tuve por parte de los 20 niñas y niños que viven allí fue tan cálido y sincero que supe que había acertado de pleno escogiendo este destino. Jefferson, Melissa, Angy, Marcela, Miguel…etc. Eli y Gloria Todos se fueron presentando uno a uno, imposible acordarme de todos los nombres en solo 5 minutos!
Gloria (o la tía Gloria como la llaman los críos) y Eli son súper agradables y enseguida me cuentan cómo funciona la Casa, la situación de los niños, horarios, normas, el día a día, proyectos pasados y futuros, etc. Impresionante la ilusión con la que viven el día y también la fortaleza para superar (a veces) las situaciones dramáticas de los niños.
Yo no tenía ninguna tarea específica ni tampoco un proyecto que tenía que empezar y acabar sino que simplemente me dejé llevar por la vida cotidiana de la Casa Hogar, cosa que recomiendo 100% hacer. Cuando (como en mi caso) vas por 15 días, creo que es la mejor manera de vivir esta experiencia y he hecho de todo: reír (mucho), acompañar a los niños al cole, dar clase, barrer, jugar a futbol, leer cuentos, jugar a baloncesto, ayudar en las comidas, volver a jugar (esta vez a canicas), seguir jugando a futbol, visitar casas, escuchar, aprender, volver a reír, hablar, cantar, jugar a volley…

El día a día

Mi día a día era muy sencillo y entretenido porque siempre había algo que hacer. Como he dicho anteriormente mi único objetivo era vivir el día a día sin ninguna actividad concreta pero a la vez tenía muchas! Para haceros una sencilla idea, yo hacía las funciones de monitor en una casa de colonias
como las que conocemos aquí, con la diferencia que allí las niñas y niños viven permanentemente. Así, me levantaba cada día hacia las 6:30h de la mañana para ayudar a Gloria y Eli con la “levantada” es decir, que el grupo de los más pequeños (un grupo de 10) estuvieran listos para ir a la escuela de Montañuela. El ajetreo e intensidad de las mañanas es de las cosas más divertidas que recuerdo ya que mi cara de dormido contrastaba con la energía que desprendían Juan, Melissa, Andrea, Miguel…por lo que enseguida me activaba para ser uno más. Ayudaba a que estuvieran listos con el desayuno, que se cepillaran los dientes, estuvieran atentos a la oraciones y canciones de la mañana y finalmente, los acompañaba al colegio. La escuela de Montañuela está situada en lo alto de una colina. Para llegar, se tiene que cruzar la carretera principal de Medellín a Bogotá (era lo más peligroso ya que no hay señalización) y subir por un sendero hasta la cima. En total son 10-15 minutos pero los recuerdo con mucho cariño, no solamente por
acompañarlos al colegio sino por la belleza del paisaje, sobretodo a esa hora de la mañana.

Al tratarse de una escuela rural hay pocos recursos de profesores por lo que solamente los niños van
unos 4 o 5 horas diarias. Esas horas son las que aprovechábamos para planificar el día, actividades
que se harían por la tarde, ordenar la Casa, y también tiempo para mí, etc. Igualmente, durante esas
mañanas siempre había algo diferente para hacer. En esos días tuve ocasión de ver otros proyectos
en los que la Fundación Vida y Libertad está involucrada. Por ejemplo, cada 3 semanas se realiza un
reparto de paquetes alimenticios a familias de la zona con pocos recursos económicos. Se trata de un
pack compuesto de legumbres, latas de atún, arroz, etc. Se reparte a todas aquellas familias que lo
han solicitado y sobretodo, que lo necesitan.
Otra de las mañanas tuve oportunidad de conocer de la mano de Eli la escuela Institución Educativa
Ramón Munuera sede la Cruz situada en Las Comunas. Éstas son las barriadas populares de la ciudad
de Medellín y probablemente la zona más conflictiva de la ciudad. En este colegio, Vida y Libertad
financia los uniformes y kits escolares (cuadernos, libros, lápices, colores…etc.) para 400 niños (dos
turnos de mañana y tarde). Impresiona subir a las barriadas de las comunas de Medellín, ciudad que a
principios de los 90 registraba uno de los mayores índices de homicidios del mundo. Pero volviendo al día a día de la Casa…a partir de las 12 del mediodía me volvía a encargar de ir a recoger a los pequeños a Montañuela. Una vez de vuelta a la Finca era el momento ayudarles en los deberes del colegio:  matemáticas, caligrafía, lengua castellana…etc. Y finalmente, el tan ansiado rato de juegos: fútbol,  baloncesto, “punchear” (lo que conocemos por el juego de matar con una pelota), volley, y en especial, las
canicas. El juego de las bolitas de cristal creo que es el juego más antiguo de historia pero que sigue cautivando a pequeños y grandes. De hecho, yo mismo era uno más, tanto es así que a mi también me sonaban los bolsillos al caminar por las canicas que llevaba (cualquier momento y lugar era bueno para jugarse una bolitas). Otro gran aficionado a jugar a las canicas con los niños es Jaime, un chico que es contable de profesión y que casi cada tarde al salir del trabajo se pasa unas horas para realizar refuerzo escolar y jugar con ellos. Al oscurecer, otra vez el ajetreo de la mañana pero esta vez para que todas y todos estuvieran listos para la hora de la cena: duchas, ropa, ordenar y recoger, durante la hora de los deberes del cole, hora de juegos etc.

Hacia las 7 se servía la cena en la que estaba atento, básicamente a que no se alborotaran y comieran tranquilamente. Esta es otro de los aspectos que la Casa intenta cuidar y es el respeto a la hora de comer y esto incluye comportarse bien no solo con los compañeros sino también con la comida. Después de la cena llegaba la hora de las oraciones y lecciones del día. Esto consistía (al igual que la mañana) en
reunirlos a todos en el salón y cada noche la tía Gloria, Eli o Leidy les enseñan valores y ética para que en el día de mañana les sirvan a la hora de labrarse un futuro mejor. Estas lecciones las acompañan con canciones y (algún que otro baile) y que conseguían que se fueran a dormir contentos y con ganas de empezar un nuevo día. Casi cada día me quedaba un rato en el cuarto de Jefferson, Yeider y Juan (estos últimos eran los más pequeños) para explicarles alguna historia o leerles un cuento hasta que se dormían. Finalmente, y como casi cada noche que estuve, antes de irme a dormir charlaba y hacía broma con José Pablo (el mayor de los chavales de 16 años), Gloria, Eli y Leidy.

Conclusiones

Cuando me preguntan qué tal me fue, la primera palabra que viene a mi cabeza es increíble, muy bien.
Sin lugar a dudas, haber estado un par de semanas compartiendo, viviendo, enseñando, aprendiendo, escuchando, jugando… con todas ellos y ellas fue una experiencia inolvidable. Admiro la personalidad de Gloria, Eli, Leidy y el resto del equipo de campo del proyecto por la fortaleza, ilusión y ganas de cambiar el futuro de unos niños que a pesar de la difícil situación que les ha tocado vivir, ellas consiguen que queden al margen y vivan su infancia como cualquier niña y niño merece en este mundo: con diversión, educación, valores y sobretodo, ilusión. Muchas gracias a todo el equipo de Fundación Vida y Libertad: Gloria, Eli, Leidy, Jaime, Doralba, Lida, Francisco y Rafael por esos fantásticos días!

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